Primera criptomoneda estatal europea

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“Riksbank”, el Banco Central de Suecia, pondrá por fin en marcha este año el proyecto de criptomonedas que decidió comenzar en 2017. La prueba piloto sería la primera a nivel estatal en la Unión Europea y la divisa se llamaría e-krona (corona digital).

Suecia es uno de los países europeos en los que más ha disminuido el uso de dinero en efectivo. El propio Riksbank lo explicó en un comunicado: “El uso de billetes y monedas es cada vez más bajo en la sociedad. Al mismo tiempo, los avances tecnológicos con respecto al dinero electrónico y a los métodos de pago avanzan rápidamente”.

Además, el Banco Central sueco argumentó: “Tenemos la tarea de promover un sistema de pago seguro y eficiente, una tarea que puede ser más difícil si la mayoría de los hogares y las empresas ya no utilizan efectivo como método de pago en el futuro. Una e-krona daría a la sociedad un complemento digital al efectivo, donde el Estado garantizaría el valor del dinero”.

Banco Central y no banco privado

Riksbank también destaca la diferenciación entre un banco público y uno privado: “Un Banco Central no puede declararse en quiebra, es decir, puede hacer frente a todas las necesidades que pueda tener el cliente. Tiene una capacidad ilimitada para crear dinero nuevo; es un activo libre de riesgos y, al mismo tiempo, un medio de pago”.

Durante su fase de análisis del mercado, Riksbank realizó una encuesta en 2018 para estudiar los hábitos de consumo de los ciudadanos. Los resultados demostraron que Suecia es uno de los países en los que está desapareciendo el uso de efectivo; tan solo el 13% de la población pagó en metálico su última compra (muy alejado del 39% en 2010).

Los resultados simplemente demostraron una tendencia palpable a pie de calle, donde los establecimientos estaban dejando de aceptar efectivo ya que la mayoría de sus clientes no lo utilizaban. Tal es el nivel, que hasta los artistas callejeros utilizan datáfonos para cobrar su arte.

A pesar de ello, el Banco Central sueco advierte del riesgo de exclusión de personas no familiarizadas con la tecnología (avanzada edad) o que sufren algún tipo de discapacidad, y advierten de la necesidad de efectivo para evitar una sociedad excluyente y privatizada.

Una vez más se ejemplifica la necesidad de dirigir el avance tecnológico hacia la consecución de un bien común, colocando en el centro a las personas y alejándose de las creaciones estrictamente artificiales y utilitaristas.


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