Iberosfera: por qué es un espejismo y el futuro español solo puede ser europeo.

Por Antonio Tejeda Encinas , Dr. en Derecho de la Unión Europea. Presidente del Comite Euro Americano de Derecho Digital -CEA Digital Law Euro-American Committee of Digital Law -CEA Digital Law

El próximo gobierno necesitará europeísmo de Estado, no nostalgia. España no se merece elegir entre populismo y errática

Diciembre de 2025 no es un mes cualquiera para la política exterior española. Con la Secretaría Pro Tempore de la Conferencia Iberoamericana en nuestras manos hasta 2026, la Cumbre de Madrid a la vista y la sombra de un segundo mandato de Trump redefiniendo el Atlántico, el Gobierno de Sánchez coquetea peligrosamente con la retórica iberoesferista —movilidad de talento, promoción del español como patrimonio común y cooperación en derechos digitales, según la Estrategia de Acción Exterior 2025-2028 presentada por Albares en abril— sin atreverse a romper con Bruselas. Es un gesto tibio que, sin quererlo, entrega a Vox y a la Fundación Disenso el monopolio emocional de la hispanidad.

En las sombras de este oficialismo late la narrativa más ambiciosa y peligrosa: la “iberoesfera”, vendida como un bloque transatlántico de 700 millones de almas contra el “globalismo”. Celebrada en cumbres madrileñas con Milei y Kast, alimentada por los vínculos simbólicos entre la ultraderecha transatlántica tras las legislativas argentinas de octubre, esta idea no es un divertimento nostálgico. Es una propuesta geopolítica que equipara la UE a un yugo y sueña con una “España grande” liderando un mosaico fragmentado al otro lado del océano. Esta deriva no es patrimonio exclusivo de la oposición. El PP, en su legítima búsqueda de mayorías, coquetea peligrosamente con cesiones programáticas a Vox que comprometerían el europeísmo responsable que un gobierno alternativo necesita. España no se merece elegir entre un Gobierno errático y una oposición que sacrifica Bruselas en el altar de Bamberg.

Europa, en su hora más incómoda —menos europeísta, menos dinámica, menos ambiciosa—, abre la puerta a estos espejismos. Pero España no puede permitírselos. No porque el vínculo con Iberoamérica sea despreciable —al contrario, es una extensión natural de nuestra influencia—, sino porque confundirlo con una alternativa estratégica es ahistórico, inviable y tóxico. Desde un europeísmo crítico, exigente y de responsabilidad adulta —el de Adenauer, Schuman y De Gasperi, un proyecto de potencia civil cristiana y occidental, no el multiculturalismo blandengue de ciertos comisarios actuales—, afirmo: España solo es viable en clave europea. Fuera de ella, no lideramos Iberoamérica; nos diluimos en ella.

No es sentimentalismo; es estructura pura. Europa proporciona a España lo que ningún otro marco puede: mercado integrado que absorbe el 60 % de nuestras exportaciones, escudo de derechos, estabilidad macroeconómica, euro como ancla, proyección exterior multiplicada y capacidad regulatoria global en IA y datos donde pesamos como potencia colectiva. Sin este ecosistema nos convertimos en un actor periférico sin masa crítica, sin músculo militar autónomo ni independencia tecnológica. Abandonarla por un “giro atlántico” sería, como advierte el Real Instituto Elcano en su análisis de enero de 2025, un salto al vacío.

Proponer una “Iberosfera estratégica” ignora la realidad de América Latina: mosaico polarizado por ciclos populistas, inestabilidad institucional y debilidades de gobernanza. Datos de la CEPAL 2024 revelan el peligro: Estados Unidos consolida su posición como mayor inversionista con el 38% de la IED, mientras la participación de la Unión Europea se desplomó hasta el 15%, la cifra más baja desde 2012. Esta pérdida de influencia europea es precisamente lo que una España diluida en fantasías iberoesféricas —sin músculo europeo colectivo— aceleraría irreversiblemente. Vox comete exactamente el mismo error que la izquierda indigenista: ambos viven de la misma nostalgia resentida, uno con la Cruz de Borgoña y el otro con el Che. Los dos sueñan con imperios muertos y olvidan que hoy la grandeza se mide por influir en las normas globales, no por la extensión de la lengua.

Cualquier intento español de primacía reactivaría la narrativa anticolonial —instrumentalizada con maestría por China, Rusia e Irán— y sería leído como neocolonialismo de derechas, igual de tóxico que el de izquierdas. No somos “primus inter pares”: somos el fantasma que la región usa para cohesionarse contra nosotros.

Abandonar Europa supondría perder influencia en Bruselas, mercados continentales de alto valor y protección jurídica, tecnológica y militar esencial. A cambio asumiríamos riesgos sistémicos y crisis que no controlamos: polarización post-electoral en Chile y Argentina, migraciones que Trump II podría redirigir hacia nuestras costas.

España no necesita volver al imperio ni diluirse en la aldea global woke; necesita ser una gran nación europea, como lo fue cuando lideró la Contrarreforma y la defensa de Occidente. Eso solo se consigue ocupando las instituciones europeas hasta que duelan, no huyendo hacia un océano donde seremos, en el mejor caso, invitados de piedra.

Lo que España necesita no son gestores de nostalgia, sino arquitectos institucionales: juristas del derecho europeo, estrategas regulatorios, diplomáticos de carrera que entiendan Bruselas como tablero, no como enemigo. El próximo gobierno —del color que sea— solo será viable si abraza sin complejos el europeísmo de Estado que hizo grande a Alemania y Francia en los 50.

En geopolítica, la nostalgia no es estrategia; es suicidio lento.

España tiene un destino posible y solo uno: ser una potencia media-alta dentro de la única potencia civil que le queda a Occidente. Cualquier proyecto político que aspire a gobernar debe asumir esta realidad o condenará al país a la irrelevancia. Todo lo demás —sea la iberoesfera de Vox, el multilateralismo tibio del Gobierno actual, o un PP que negocie su alma europea por votos de Ferraz— es ruido, nostalgia mal digerida y literatura barata disfrazada de patriotismo.

España necesita una Escuela de Realismo Europeo Hispano: europeísmo sin complejos ni nostalgias, potencia civil occidental con acento español, razón de Estado en Bruselas y en Madrid. Ni iberoesfera resentida ni aldea global woke.

#RealismoEuropeoHispano #AntonioTejedaEncinas